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6 de noviembre de 2014

Seres indefensos versus seres indiferentes

Hoy en la mañana cuando caminaba hacia mi trabajo me sucedió algo que me conmovió muy profundamente. Iba andando rápido -como casi siempre ando- cuando de pronto en medio de mi camino en una calle peatonal había una paloma en el cemento. Esto sucedió en una calle lateral de la Plaza de Armas de mi ciudad, lugar en que por lo general siempre hay muchísimas palomas. Esta paloma estaba muy mal herida. Tenía sus alas muy abiertas, como en posición de querer emprender el vuelo, y con sus patitas trataba de caminar apenas, intentaba impulsarse creo yo. Pero sólo lograba avanzar pocos centímetros. La gente que pasaba la miraba pero hacía un rodeo y debo confesar -aunque me de verguenza- que yo también lo hice. Sin embargo, apenas la pasé, y sin llevar más de diez pasos de ese suceso, miles de pensamientos comenzaron a martillearme la cabeza. Sentí una angustia y me detuve. Pensé en cinco segundos que no me sentía coherente con mi actuar. Una vez había visto un video muy terrible cuyos detalles no relataré ahora en donde en situación parecida -pero mucho más grave- la gente pasaba de largo haciendo el mismo rodeo. Siempre mi pensamiento fue el de repudiar tal conducta, y resulta que yo lo estaba replicando tal cual, aunque fuera con una sencilla palomita, eso no me hacía sentido ni en mi cabeza ni en mi corazón. Esa parábola bíblica del "buen samaritano" también se me vino a la cabeza, aunque ya los sentimientos de culpa religiosos no surten en mi el mismo efecto que hace 20 años atrás. Me devolví pues, y cuando llegué a donde estaba la paloma pude ver que habían unas plumas esparcidas a pocos centímetros de ella y la paloma ya no parecía moverse. En su cabecita tenía una herida que sangraba todavía. Era obvio que alguien -maldito desquiciado- le había agredido, quizás con una fuerte patada en la cabeza, malográndola en seguida. La tomé con mis dos manos y pude sentir su último fulgor, su párpado semicerrado me miró para luego cerrarse y dejar de vivir. Junto al lugar había una especie pequeño jardín con plantas que se alzaba sobre la calle peatonal, y atiné a dejarla suavemente allí, para que al menos no quedara ahí abandonada a la suerte de esos seres indiferentes que somos los humanos. He estado pensando en esto todo el día y he quedado muy apenado. No creo que lo hubiera merecido.

17 de abril de 2012

Buenas y malas razones para creer

Por Richard Dawkins




Querida Juliet:

Ahora que has cumplido 10 años, quiero escribirte acerca de una cosa que para mi es muy importante. ¿Alguna vez te has preguntado cómo sabemos las cosas que sabemos? ¿Cómo sabemos, por ejemplo, que las estrellas que parecen pequeños alfilerazos en el cielo, son en realidad gigantescas bolas de fuego como el Sol, pero que están muy lejanas? ¿Y cómo sabemos que la Tierra es una bola más pequeña, que gira alrededor de esas estrellas, el Sol?

La respuesta a esas preguntas es "por la evidencia". A veces, "evidencia" significa literalmente ver (u oír, palpar, oler) que una cosa es cierta. Los astronautas se han alejado de la Tierra lo suficiente como para ver con sus propios ojos que es redonda. Otras veces, nuestros ojos necesitan ayuda. El "lucero del alba" parece un brillante centelleo en el cielo, pero con un telescopio podemos ver que se trata de una hermosa esfera: el planeta que llamamos Venus. Lo que aprendemos viéndolo directamente (u oyéndolo, palpándolo, etc.) se llama "observación".

Muchas veces, la evidencia no sólo es pura observación, pero siempre se basa en la observación. Cuando se ha cometido un asesinato, es corriente que nadie lo haya observado (excepto el asesino y la persona asesinada). Pero los investigadores pueden reunir otras muchas observaciones, que en un conjunto señalen a un sospechoso concreto. Si las huellas dactilares de una persona coinciden con las encontradas en el puñal, eso demuestra que dicha persona lo tocó. No demuestra que cometiera el asesinato, pero además pueda ayudar a demostrarlo si existen otras muchas evidencias que apunten a la misma persona. A veces, un detective se pone a pensar en un montón de observaciones y de repente se da cuenta que todas encajan en su sitio y cobran sentido si suponemos que fue Fulano el que cometió el asesinato.

Los científicos -especialistas en descubrir lo que es cierto en el mundo y el Universo- trabajan muchas veces como detectives. Hacen una suposición (ellos la llaman hipótesis) de lo que podría ser cierto. Y a continuación se dicen: si esto fuera verdaderamente así, deberíamos observar tal y cual cosa. A esto se llama predicción. Por ejemplo si el mundo fuera verdaderamente redondo, podríamos predecir que un viajero que avance siempre en la misma dirección acabará por llegar a mismo punto del que partió. Cuando el médico dice que tienes sarampión, no es que te haya mirado y haya visto el sarampión. Su primera mirada le proporciona una hipótesis: podrías tener sarampión. Entonces, va y se dice: "Si de verdad tiene el sarampión, debería ver...." y empieza a repasar toda su lista de predicciones, comprobándolas con los ojos (¿tienes manchas?), con las manos (¿tienes caliente la frente?) y con los oídos (¿te suena el pecho como suena cuando se tiene el sarampión?). Sólo entonces se decide a declarar "Diagnostico que la niña tiene sarampión". A veces, los médicos necesitan realizar otras pruebas, como análisis de sangre o rayos x, para complementar las observaciones hechas con sus ojos, manos y oídos.

La manera en que los científicos utilizan la evidencia para aprender cosas del mundo es tan ingeniosa y complicada que no te la puedo explicar en una carta tan breve. Pero dejemos por ahora la evidencia, que es una buena razón para creer algo, porque quiero advertirte en contra de tres malas razones para creer cualquier cosa: se llaman "tradición", "autoridad" y "revelación".

Empecemos por la tradición. Hace unos meses estuve en televisión, charlando con unos 50 niños. Estos niños invitados habían sido educados en diferentes religiones: había cristianos, judíos, musulmanes, hindúes, sijs... El presentador iba con el micrófono de niño en niño, preguntándoles lo que creían. Lo que los niños decían demuestra exactamente lo que yo entiendo por "tradición". Sus creencias no tenían nada que ver con la evidencia. Se limitaban a repetir las creencias de sus padres y de sus abuelos, que tampoco estaban basadas en ninguna evidencia. Decían cosas como "los hindúes creemos tal y cual cosa", "los musulmanes creemos esto y lo otro", "los cristianos creemos otra cosa diferente".

Como es lógico, dado que cada uno creía cosas diferentes, era imposible que todos tuvieran razón. Por lo visto, al hombre del micrófono esto le parecía muy bien, y ni siquiera los animó a discutir sus diferencias. Pero no es esto lo que me interesa de momento. Lo que quiero es preguntar de dónde habían salido sus creencias. Habían salido de la tradición. La tradición es la trasmisión de creencias de los abuelos a los padres, de los padres a los hijos, y así sucesivamente. O mediante libros que se siguen leyendo durante siglos. Muchas veces, las creencias tradicionales se originan casi de la nada: es posible que alguien las inventara en algún momento, como tuvo que ocurrir con las ideas de Thor y Zeus; pero cuando se han transmitido durante unos cuantos siglos, el hecho mismo de que sean muy antiguas las convierte en especiales. La gente cree ciertas cosas sólo porque mucha gente ha creído lo mismo durante siglos. Eso es la tradición.

El problema con la tradición es que, por muy antigua que sea una historia, es igual de cierta o de falsa que cuando se inventó la idea original. Si te inventas una historia que no es verdad, no se hará más verdadera porque se trasmita durante siglos, por muchos siglos que sean.

En Inglaterra, gran parte de la población ha sido bautizada en la Iglesia Anglicana, que no es más que una de las muchas ramas de la religión cristiana. Existen otras ramas, como la ortodoxa rusa, la católica romana y la metodista. Cada una cree cosas diferentes. La religión judía y la musulmana son un poco más diferentes, y también existen varias clases distintas de judíos y de musulmanes. La gente que cree una cosa está dispuesta a hacer la guerra contra los que creen cosas ligeramente distintas, de manera que se podrá pensar que tienen muy buenas razones -evidencias- para creer lo que creen. Pero lo cierto es que sus diferentes creencias se deben únicamente a diferentes tradiciones.

Vamos a hablar de una tradición concreta. Los católicos creen que María, la madre de Jesús, era tan especial que no murió, sino que fue elevada al cielo con su cuerpo físico. Otras tradiciones cristianas discrepan, diciendo que María murió como cualquier otra persona. Estas otras religiones no hablan mucho de María, ni la llaman "Reina del cielo", como hacen los católicos. La tradición que afirma que el cuerpo de María fue elevado al cielo no es muy antigua. La Biblia no dice nada de cómo o cuándo murió; de hecho, a la pobre mujer apenas se la menciona en la Biblia. Lo de que su cuerpo fue elevado a los cielos no se inventó hasta unos seis siglos después de Cristo. Al principio, no era más que un cuento inventado, como Blancanieves o cualquier otro. Pero con el paso de los siglos se fue convirtiendo en una tradición y la gente empezó a tomársela en serio, sólo porque la historia se había ido transmitiendo a lo largo de muchas generaciones. Cuanto más antigua es una tradición, más en serio se la toma la gente. Y por fin, en tiempos muy recientes, se declaró que era una creencia oficial de la Iglesia Católica: esto ocurrió en 1950, cuando yo tenía la edad que tienes tú ahora. Pero la historia no era más verídica en 1950 que cuando se inventó por primera vez, seiscientos años después de la muerte de María.

Al final de esta carta volveré a hablar de la tradición, para considerarla de una manera diferente. Pero antes tengo que hablarte de la otras dos malas razones para creer una cosa: la autoridad y la revelación.

La autoridad, como razón para creer algo, significa que hay que creer en ello porque alguien importante te dice que lo creas. En la Iglesia Católica, por ejemplo, la persona más importante es el Papa, y la gente cree que tiene que tener razón sólo porque es el Papa. En una de las ramas de la religión musulmana, las personas más importantes son unos ancianos barbudos llamados ayatolás. En nuestro país hay muchos musulmanes dispuestos a cometer asesinatos sólo porque los ayatolás de un país lejano les dicen que lo hagan.

Cuando te decía que en 1950 se dijo por fin a los católicos que tenían que creer en la asunción a los cielos del cuerpo de María, lo que quería decir es que en 1950 el Papa les dijo que tenían que creer en ello. Con eso bastaba. ¡El Papa decía que era verdad, luego tenía que ser verdad! Ahora bien, lo más probable es que, de todo lo que dijo el Papa a lo largo de su vida, algunas cosas fueron ciertas y otras no fueron ciertas. No existe ninguna razón válida para creer que todo lo que diga sólo porque es el Papa, del mismo modo que no tienes porque creer todo lo que te diga cualquier otra persona. El Papa actual ha ordenado a sus seguidores que no limiten el número de sus hijos. Si la gente sigue su autoridad tan ciegamente como a él le gustaría, el resultado sería terrible: hambre, enfermedades y guerras provocadas por la sobrepoblación.

Por supuesto, también en la ciencia ocurre a veces que no hemos visto personalmente la evidencia, y tenemos que aceptar la palabra de alguien. Por ejemplo, yo no he visto con mis propios ojos ninguna prueba de que la luz avance a una velocidad de 300.000 kilómetros por segundo, sin embargo, creo en los libros que me dicen la velocidad de la luz. Esto podría parecer "autoridad" pero en realidad es mucho mejor que la autoridad, porque la gente que escribió esos libros sí que había observado la evidencia, y cualquiera puede comprobar dicha evidencia siempre que lo desee. Esto resulta muy reconfortante. Pero ni siquiera los sacerdotes se atreven a decir que exista alguna evidencia de su historia acerca de la subida a los cielos del cuerpo de María.

La tercera mala razón para creer en las cosas se llama "revelación". Si en 1950 le hubieras podido preguntar al Papa cómo sabía que el cuerpo de María había ascendido al cielo, lo más probable es que te hubiera respondido que "se le había revelado". Lo que hizo fue encerrarse en su habitación y rezar pidiendo orientación. Había pensado y pensado, siempre solo, y cada vez se sentía más convencido. Cuando las personas religiosas tienen la sensación interior de que una cosa es cierta, aunque no exista ninguna evidencia de que sea así, llaman a esa sensación "revelación". No sólo los Papas aseguran tener revelaciones. Las tienen montones de personas de todas las religiones, y es una de las principales razones por las que creen las cosas que creen. Pero ¿es una buena razón?

Supón que te digo que tu perro ha muerto. Te pondrías muy triste y probablemente me preguntarías: "¿Estás seguro? ¿Cómo lo sabes? ¿Cómo ha sucedido?" y supón que yo te respondo: "En realidad no sé que Pepe ha muerto. No tengo ninguna evidencia. Pero siento en mi interior la curiosa sensación de que ha muerto". Te enfadarías conmigo por haberte asustado, porque sabes que una "sensación" interior no es razón suficiente para creer que un lebrel ha muerto. Hacen falta pruebas. Todos tenemos sensaciones interiores de vez en cuando, y a veces resulta que son acertadas y otras veces no lo son. Está claro que dos personas distintas pueden tener sensaciones contrarias, de modo que ¿cómo vamos a decidir cuál de las dos acierta? La única manera de asegurarse que un perro está muerto es verlo muerto, oír que su corazón se ha parado, o que nos lo cuente alguien que haya visto u oído alguna evidencia real de que ha muerto.

A veces, la gente dice que hay que creer en las sensaciones internas, porque si no, nunca podrás confiar en cosas como "mi mujer me ama". Pero éste es un mal argumento. Puedes encontrar abundantes pruebas de que alguien te ama. Si estás con alguien que te quiere, durante todo el día estarás viendo y oyendo pequeños fragmentos de evidencia, que se van sumando. No se trata de una pura sensación interior, como la que los sacerdotes llaman revelación. Hay datos exteriores que confirman la sensación interior: miradas en los ojos, entonaciones cariñosas en la voz, pequeños favores y amabilidades; todo eso es auténtica evidencia.

A veces, una persona siente una fuerte sensación interior de que alguien la ama sin basarse en ninguna evidencia, y en estos casos lo más probable es que esté completamente equivocada. Existen personas con una firme convicción interior de que una famosa estrella de cine las ama, aunque en realidad la estrella ni siquiera las conoce. Esta clase de personas tienen la mente enferma. Las sensaciones interiores tienen que estar respaldadas por evidencias; si no, no podemos fiarnos de ellas.

Las intuiciones resultan muy útiles en la ciencia, pero sólo para darte ideas que luego hay que poner a prueba buscando evidencias. Un científico puede tener una "corazonada" acerca de una idea que, de momento, sólo "le parece" acertada. En sí misma, ésta no es una buena razón para creer nada; pero sí que puede razón suficiente para dedicar algún tiempo a realizar un experimento concreto o buscar pruebas de una manera concreta. Los científicos utilizan constantemente sus sensaciones interiores para sacar ideas; pero estas ideas no valen nada si no se apoyan con evidencias.

Te prometí que volveríamos a lo de la tradición, para considerarla de una manera distinta. Me gustaría intentar explicar por qué la tradición es importante para nosotros. Todos los animales están construidos (por el proceso que llamamos evolución) para sobrevivir en el lugar donde su especie vive habitualmente. Los leones están equipados para sobrevivir en las llanuras de África. Los cangrejos de río están construidos para sobrevivir en agua salada. También las personas somos animales, y estamos construidos para sobrevivir en un mundo lleno de... otras personas. La mayoría de nosotros no tienen que cazar su propia comida, como los leones y los bogavantes; se las compramos a otras personas, que a su vez se la compraron a otras. Nadamos en un "mar de gente". Lo mismo que el pez necesita branquias para sobrevivir en el agua, la gente necesita cerebros para poder tratar con otra gente. El mar de está lleno de agua salada, pero el mar de gente está lleno de cosas difíciles de aprender. Como el idioma.

Tú hablas inglés, pero tu amiga Ann-Kathrin habla alemán. Cada una de vosotras habla el idioma que le permite hablar en su "mar de gente". El idioma se transmite por tradición. No existe otra manera. En Inglaterra, tu perro Pepe es a dog. En Alemania, es ein Hund. Ninguna de estas palabras es más correcta o más verdadera que la otra. Las dos se transmiten de manera muy simple. Para poder nadar bien en su propio "mar de gente", los niños tienen que aprender el idioma de su país y otras muchas cosas acerca de su pueblo; y esto significa que tienen que absorber, como si fuera papel secante, una enorme cantidad de información tradicional. (Recuerda que "información tradicional" significa, simplemente, cosas que se transmiten de abuelos a padres y de padres a hijos.) El cerebro del niño tiene que absorber toda esta información tradicional, y no se puede esperar que el niño seleccione la información buena y útil, como las palabras del idioma, descartando la información falsa o estúpida, como creer en brujas, en diablos y en vírgenes inmortales.

Es una pena, pero no se puede evitar que las cosas sean así. Como los niños tienen que absorber tanta información tradicional, es probable que tiendan a creer todo lo que los adultos les dicen, sea cierto o falso, tengan razón o no. Muchas cosas que los adultos les dicen son ciertas y se basan en evidencias, o, por lo menos en el sentido común. Pero si les dicen algo que sea falso, estúpido o incluso maligno, ¿cómo pueden evitar que el niño se lo crea también? ¿Y que harán esos niños cuando lleguen a adultos? Pues seguro que contárselo a los niños de la siguiente generación. Y así, en cuanto la gente ha empezado a creerse una cosa -aunque sea completamente falsa y nunca existan razones para creérsela-, se puede seguir creyendo para siempre.

¿Podría ser esto lo que ha ocurrido con las religiones? Creer en uno o varios dioses, en el cielo, en la inmortalidad de María, en que Jesús no tuvo un padre humano, en que las oraciones son atendidas, en que el vino se transforma en sangre..., ninguna de estas creencias está respaldada por pruebas auténticas. Sin embargo, millones de personas las creen, posiblemente porque se les dijo que las creyeran cuando todavía eran suficientemente pequeñas como para creerse cualquier cosa.

Otros millones de personas creen en cosas diferentes, porque se les dijo que creyesen en ellas cuando eran niños. A los niños musulmanes se les dice cosas diferentes de las que se les dicen a los niños cristianos, y ambos grupos crecen absolutamente convencidos de que ellos tienen razón y los otros se equivocan. Incluso entre los cristianos, los católicos creen cosas diferentes de las que creen los anglicanos, los episcopalianos, los shakers, los cuáqueros, los mormones o los holly rollers, y todos están absolutamente convencidos de que ellos tienen razón y los otros están equivocados. Creen cosas diferentes exactamente por las mismas razones por las que tú hablas inglés y tu amiga Ann-Kathrin habla alemán. Cada una de los dos idiomas es el idioma correcto en su país. Pero de las religiones no se puede decir que cada una de ellas sea la correcta en su propio país, porque cada religión afirma cosas diferentes y contradice a las demás. María no puede estar viva en la católica Irlanda del Sur y muerta en la protestante Irlanda del Norte.

¿Qué se puede hacer con todo esto? A ti no te va a resultar fácil hacer nada, porque sólo tienes 10 años. Pero podrías probar una cosa: la próxima vez que alguien te diga algo que parezca importante piensa para tus adentros: "¿Es ésta una de esas cosas que la gente suele creer basándose en evidencias? ¿O es una de esas cosas que la gente cree por la tradición, autoridad o revelación?" Y la próxima vez que alguien te diga que una cosa es verdad, prueba a preguntarle "¿Qué pruebas existen de ello?" Y si no pueden darte una respuesta, espero que te lo pienses muy bien antes de creer una sola palabra de lo que te digan.

Te quiere,
Papá.

Fuente: http://www.sindioses.org/escepticismo/buenasmalascreer.html

8 de agosto de 2008

Un entrañable amigo me envió un texto de Leonardo Boff, muy breve y preciso, en que critica el consumismo de la sociedad moderna. Se los copio a ver si vamos tomando consciencia de en lo que estamos metidos.



Cuatro «erres» contra el consumismo

2008-05-09


El hambre es una constante en todas las sociedades históricas. Hoy, sin embargo, alcanza dimensiones vergonzosas y simplemente crueles. Revela una humanidad que ha perdido la compasión y la piedad. Erradicar el hambre es un imperativo humanístico, ético, social y ambiental. La condición previa más inmediata y posible, que debe ser puesta inmediatamente en práctica es un nuevo patrón de consumo.

La sociedad dominante es evidentemente consumista. Da centralidad al consumo privado, sin auto-límite, como objetivo de la propia sociedad y de la vida de las personas. Consume no sólo lo necesario, lo que es justificable, sino lo superfluo, lo que es cuestionable. Este consumismo sólo es posible porque las políticas económicas que producen los bienes superfluos son continuamente alimentadas, apoyadas y justificadas Gran parte de la producción se destina a generar aquello que en la realidad no precisamos para vivir decentemente.

Como se trata de lo superfluo, se recurre a mecanismos de propaganda, de marketing y de persuasión para inducir a las personas a consumir y a hacerlas creer que lo superfluo es necesario y que es una fuente secreta de felicidad.

Lo fundamental para este tipo de marketing es crear hábitos en los consumidores hasta que se cree en ellos una cultura consumista y una necesidad imperiosa de consumir. Se suscitan más y más necesidades artificiales y en función de ellas se monta el engranaje de la producción y de la distribución. Las necesidades son ilimitadas, por estar ancladas en el deseo que, por naturaleza, es ilimitado. Por esta razón, la producción tiende a ser también ilimitada. Surge entonces una sociedad, ya denunciada por Marx, marcada por fetiches, abarrotada de bienes superfluos, punteada de centros comerciales, verdaderos santuarios del consumo, con altares llenos de ídolos milagreros, pero ídolos al fin y al cabo; una sociedad insatisfecha y vacía porque nada la sacia. Por eso, el consumo es creciente y nervioso, sin que sepamos hasta cuándo la Tierra finita aguantará esta explotación infinita de sus recursos.

No causa sorpresa el hecho de que el presidente Bush convoque a la población a consumir más y más y así salvar la economía en crisis, lógico, a costa de la sostenibilidad del planeta y de sus ecosistemas. Contra eso, cabe recordar las palabras de Robert Kennedy el 18 de marzo de 1968: «No encontraremos un ideal para la nación ni una satisfacción personal en la mera acumulación ni en el mero consumo de bienes materiales. El PIB no contempla la belleza de nuestra poesía, ni la solidez de los valores familiares, no mide nuestro ingenio, ni nuestro valor, ni nuestra compasión, ni nuestro amor a la patria. Mide todo menos aquello que hace la vida verdaderamente digna de ser vivida». Tres meses después fue asesinado.

Para hacer frente al consumismo urge que seamos de modo consciente anticultura, en ejecicio. Hay que incorporar a la vida cotidiana las cuatro «erres» principales: reducir los objetos de consumo, reutilizar los que ya hemos usado, reciclar los productos dándoles otra finalidad, y finalmente, rechazar lo que el marketing, descarada o sutilmente, nos empuja a consumir.

Sin este espíritu de rebeldía consecuente contra todo tipo de manipulación del deseo y con la voluntad de seguir otros caminos dictados por la moderación, por la justa medida y por el consumo responsable y solidario, corremos el peligro de caer en las insidias del consumismo, aumentando el número de hambrientos y empobreciendo el planeta ya actualmente más y más devastado.

30 de enero de 2008

Hoy 30 de enero estoy de cumpleaños. Cumplo 26. Llegué a este planeta a las 4:33 PM según el reloj pulsera del doctor que le hizo la cesárea a mi madre. Fui el resultado de una posibilidad entre millones al igual que toda la vida que hay sobre la Tierra. No soy el primero en esto. Cuántos seres humanos habrán pisado la Tierra. Es imposible saberlo, pero sí es posible saber que es una cantidad finita. Qué número me habrá tocado a mi? Me tocó ser parte de esta secuencia de cromosomas que se apartaron del rebaño con una consciencia y un lenguaje distinto y particular. Tengo que seguir ritos y normalizaciones impuestas por gente que jamás conocí. Aparezco bajo una estructura de ciclos, estaciones, años que se componen de días que se componen de horas, minutos y segundos, esquema que me cuesta aún comprender pero que obedezco de forma rigurosa y que todos parecen respetar y nadie cuestiona demasiado. Me tocó aparecer en una circunstancia determinada, en cierta época, en cierto lugar geográfico de ciertas costumbres, cierto idioma, cierta familia, ciertas capacidades. Todo muy determinístico, pero al mismo tiempo con una libertad inconsciente que uno nunca sabe muy bien aprovechar. Me muevo por cierta cadena de acontecimientos que se entrelaza con otras que pertenecen a otros seres humanos. Tejemos redes en el cosmos sin cesar. Esto no cesa. El universo no tiene la más mínima intención de parar. De todas maneras, feliz cumpleaños.........a mí.

7 de enero de 2008

Asertividad


Encontré este artículo de un sicólogo que habla sobre la asertividad. Es una cualidad importantísima que debemos ir trabajando día a día, ya que somos muy pocas personas las que la poseemos. Un detalle: se escribe con "s", no tiene nada que ver con "acertar".


Se define la asertividad como aquella habilidad personal que nos permite expresar sentimientos, opiniones y pensamientos, en el momento oportuno, de la forma adecuada y sin negar ni desconsiderar los derechos de los demás. En la práctica, esto supone el desarrollo de la capacidad para:

  • - Expresar sentimientos y deseos positivos y negativos de una forma eficaz, sin negar o menospreciar los derechos de los demás y sin crear o sentir vergüenza.
  • - Discriminar entre la aserción, la agresión y la pasividad.
  • - Discriminar las ocasiones en que la expresión personal es importante y adecuada.
  • - Defenderse, sin agresión o pasividad, frente a la conducta poco cooperadora, apropiada o razonable de los demás.

Así pues, la aserción no implica ni pasividad, ni agresividad. La habilidad de ser asertivo proporciona dos importantes beneficios:

  1. - Incrementa el autorespeto y la satisfacción de hacer alguna cosa con la suficiente capacidad para aumentar la confianza seguridad en uno mismo.
  2. - Mejora la posición social, la aceptación y el respeto de los demás, en el sentido de que se hace un reconocimiento de la capacidad de uno mismo de afirmar nuestros derechos personales.

Son ejemplos típicos de comportamientos agresivos, la pelea, la acusación y la amenaza y, en general todos aquellos comportamientos que signifiquen o comporten, la agresión de los demás sin tener en cuenta sus sentimientos. El comportamiento agresivo suele aparecer como consecuencia de la cólera o la ira y de la incapacidad para autocontrolarse. En general, la persona agresiva, o que se comporta agresivamente en un momento concreto, no suele sentirse satisfecha de sí misma, y lo que consigue es que los demás no quieran tenerla cerca, y fácilmente pueden, también, ser agresivos con ella.

Se dice de la persona pasiva que no sabe expresar sus sentimientos y no sabe defender sus derechos como persona. La persona pasiva, por lo general, no se siente satisfecha, ya que no consigue decir lo que piensa o siente y no hace llegar su mensaje a los demás. Suele sentirse insegura, poco aceptada y tenida poco en cuenta por los demás.

La ventaja de aprender y practicar comportamientos asertivos es que se hacen llegar a los demás, los propios mensajes expresando opiniones, mostrándose considerado. Se consiguen sentimientos de seguridad y el reconocimiento social. Sin duda, el comportamiento asertivo ayuda a mantener una alta autoestima.

En todo caso, para aprender asertividad es completamente imprescindible tener bien claro el hecho que tanto el estilo agresivo, como el pasivo, por lo general, no sirven para conseguir los objetivos deseados.

Ferran Salmurri. 1991.

2 de enero de 2008

Devolución Total



Las multinacionales tienen que devolver todo lo que robaron en América Latina y el mundo los últimos cien años. Inglaterra también, tiene que devolver por lo menos lo que robó en el siglo veinte y en el diecinueve. Con o sin intereses, eso será cuestión de negociarlo después, pero lo tiene que devolver ya, a la India, a África, a América Latina. Y lo tiene que devolver aunque se lo haya gastado. Y lo tiene que conseguir sin robar. Tiene que trabajar.

Y España también. Tiene que devolver todo lo que robó durante la conquista y lo que sigue robando con su empresa telefónica en toda América Latina. Tiene que deshacer su siglo de oro, fundirlo, desmenuzarlo y devolverlo. O si no, que saque de donde pueda, que sude. Si no le alcanza la población que tiene, que hagan doble o triple turno, como hacen los latinoamericanos cuando tienen la suerte de que alguien acepte explotarlos y oprimirlos.

Y Francia también, que devuelva todo lo que robó en Haití, en Martinica, en la Guayana, aunque primero tiene que devolver las propias Martinica y Guayana, que no le son propias.

Y el Imperio Romano tiene que devolver todo lo que le robó a los galos, y a los iberos, a los celtas, etc., etc. Y si el imperio romano no existe más, la deuda la tiene que pagar el imperio norteamericano, que es el que terminó heredando el botín, que fue pasando de mano en mano a través de los siglos.

Y después hay que arreglar cuentas en Latinoamérica, también. Cuando España, Portugal y Estados Unidos devuelvan todo, nada de quedárselo los latinoamericanos ricos. Hay que dejárselo a los indígenas, y la tierra también, y los descendientes de europeos que se quieran quedar tienen que pedir permiso. Los africanos no, pero nosotros sí. Nada de Argentina, Brasil, República Oriental, Bolivia, Colombia, todo eso es mentira, hay que devolver la tierra y el mapa como eran antes. Y si no sabemos cómo era, a estudiar todo el mundo. Nada de estudiar inglés, eso el que quiera que lo haga después; primero hay que pagar la deuda. Para saber cuánto es hay que estudiar araucano, toba, aymara, y hay que estudiar el calendario maya para poder calcular los intereses.

Y basta de hablar, hay que empezar a devolver ya. Cada minuto es un árbol más, un tapir más que se debe. Cada palabra europea, cada nota afinada con el diapasón es un insulto a las culturas autóctonas. Hay que callarse y pagar.

1 de enero de 2008

Felicidades!

Y estamos ya en el año 2008!!! Feliz año nuevo para todos mis lectores y muchas gracias por hacerse unos minutos en el día y leer las cosas que estoy publicando. Muchas de ellas no son de mi invención, sino que una recopilación de temas que, debo reconocer, son interesantes para mí, aunque siento que también podrían llegar a serlo para ustedes.



Los seres humanos necesitamos de sucesos como el año nuevo, una oportunidad para reiniciarse, para dejar atrás lo malo y ser capaces de mirar un horizonte nuevo, ver posibilidades no exploradas, ser feliz en fin. Hay que tratar de ser mejor persona, esa es la idea.

Abrazos a todos!, Javier.

30 de diciembre de 2007

Tómatelo con calma, man!

El otro día me llegó un powerpoint enviado por mi amigo Hugo, que hablaba sobre un movimiento que se viene desarrollando hace años llamado Slow Down (algo así como ). Me llamó la atención esta postura, la cual se confronta con la actual filosofía de "hacerlo todo lo más rápido posible". El Slow Down propone dejar a un lado la prisa y disfrutar de cada minuto. Para ello reivindica una nueva escala de valores, basada en trabajar para vivir y no al contrario. La biodiversidad, la reivindicación de las culturas locales y un empleo inteligente de la tecnología, son algunas de sus principales señas de identidad. Porque como dice el corrido mexicano “ No hay que llegar primero, sino que hay que saber llegar”.

El hombre siempre ha vivido condicionado por el paso del tiempo, pero muy especialmente a partir de la Revolución Industrial la idea de velocidad ha estado asociada con la de Progreso. Así por ejemplo, el Movimiento Futurista a principios del XX, consideraba la velocidad como una muestra del triunfo del hombre sobre la naturaleza. Su frase “Un automóvil rugiente, que parece correr sobre la metralla, es más bello que la Victoria de Samotracia“ resume unos postulados que parecen no haber perdido actualidad.

Todo lo que conforma nuestro entorno nos invita a vivir de una manera veloz, sin detenernos a mirar lo que pasa a nuestro alrededor. Las marcas de moda nos presentan su nueva temporada de invierno cuando aún estamos sacando nuestros bañadores del armario. Los medios de comunicación (especialmente a través de la televisión) nos bombardean sin tregua con comerciales que cada año se adelantan más a los sucesos. Ya en octubre había comerciales de navidad. Ahora en Enero les apuesto que vienen los de uniformes escolares y créditos para marzo.

Hasta hace unos años, el domingo se descansaba. Hoy, el mundo no para su actividad en ningún momento, se tiende a que todo funcione 24 horas al día y 365 días al año. La ciudad nunca duerme. Los turnos part-time son cada vez más requeridos en grandres multitiendas, las cuales no le dan respiro a nadie. Metas que deben superarse insaciablemente cada vez más.

Por otro lado, es cada vez más frecuente pasar el día entero en los malls: se recorre el lugar haciendo shopping, más tarde se reponen fuerzas comiendo en un local de fast food y se termina la jornada en el cine acompañados de unas pop corn (por el términos me imagino que intuyen de qué país viene todo esto). Es decir, se puede consumir durante todo el día, sin ver la luz del sol, inmersos en un universo artificial de luces, olores y sonidos diseñados para fomentar el consumo.




¿Saben cuál es el objetivo de la mayoría de las empresas? Ganar Dinero, Ganar Plata. No se crean esas etiquetas que dicen "satisfacer tus necesidades", "hacerte la vida más fácil", "Siempre contigo", "apoyándote en todo". El objetivo de cualquier empresa de esta cultura capitalista es GANAR PLATA. Y cada vez más; no se crean que se conformarán con ganar todos los meses lo mismo de siempre. Y lo van a hacer a costa de "casi" cualquier cosa.

Como consecuencia de este estilo de vida proliferan enfermedades como la obesidad, el estrés o el Síndrome de la Felicidad Aplazada que consiste en la profunda angustia que experimentan las personas que no cuentan con tiempo suficiente para cumplir con todas sus obligaciones diarias y que posponen cualquier experiencia gratificante a un hipotético momento futuro, que finalmente nunca se alcanza.

Se identifica ser el primero con tener éxito y se considera la lentitud propia de perdedores o personas sin iniciativa. Pero, todo tiene un límite y el culto a la velocidad parece estar llegando al suyo. El concepto de Slow Down o desaceleración, está cada vez más presente en nuestra sociedad y son numerosos los movimientos que se han formado para luchar contra la tiranía del reloj.

El Movimiento Slow hace que las personas se pregunten: ¿realmente es necesario vivir tan acelerados? ¿disfrutamos lo suficiente de nosotros mismos y de nuestro alrededor? ¿Por qué nos hemos dejado seducir por otras culturas cuando vivimos en una que no tiene nada que envidiar? Ocupados en ganar dinero que nos asegure un futuro cada vez más incierto, nos hemos olvidado de disfrutar de lo cotidiano. ¿por qué no ir andando al trabajo si se encuentra cerca?, ¿por qué no levantarte diez minutos antes y darte un homenaje con un buen desayuno? o simplemente ¿por qué no dejar que sea la vida la que nos marque su propio ritmo?



14 de diciembre de 2007

¿Es verdad que usamos sólo el 10% de nuestro cerebro?

Recuerdo muy bien cierta vez en que estaba leyendo un libro, y alguien se me acercó y me dijo: "Bien!, aprende mucho mira que el cerebro tiene capacidad casi infinita. Piensa que sólo utilizamos un 10% de él, así que mete ahí todo lo que puedas no más". Y me dejó pensando.
Me puse a investigar si eso que siempre dicen es cierto o no, si hay alguna investigación científica al respecto y me llevé una sorpresa. Casi toda la información científica que encontré señalaba que NO HAY PRUEBAS CIENTÍFICAS QUE DEMUESTREN EL MITO.


¿Dónde empezó el Mito del 10%?

Esta afirmación pudo iniciarse con una mala cita de Albert Einstein o la mal interpretación del trabajo de Pierre Flourens en el siglo XIX. Es probable que William James haya escrito, en 1908: "Sólo aprovechamos una pequeña parte de nuestros recursos mentales y físicos" (tomado de The Energies of Men, p. 12). Tal vez fue el trabajo de Karl Lashley en las décadas de 1920 y 1930, el que lo inició. Lashley removió amplias zonas de la corteza cerebral en ratas y encontró que aún podían reaprender tareas específicas. Ahora sabemos que incluso la destrucción de una pequeña área del cerebro humano puede tener efectos devastadores sobre el comportamiento. Esa es una de las razones por las cuales los neurocirujanos tienen que hacer un meticuloso mapa cerebral antes de remover tejido nervioso durante cirugías para tratar la epilepsia o los tumores cerebrales: quieren asegurarse de no dañar áreas esenciales.

Los medios de comunicación repitieron el mito y al parecer lo han sembrado en las mentes de todos. Uno lo cree y tal vez sea por el hecho de no sentir que uno pueda crecer más allá de lo que es. Pero esto no tiene nada que ver. El cerebro es algo tan complejo, que es muy reduccionista decir que si usas gran parte de él ya no podrás aprender cosas nuevas. No es un tema de "porcentajes" o de "espacio disponible en disco duro", ya que nuestro maravilloso cerebro no funciona así. Numerosos cursos sobre "aprender a aprender", "lectura veloz", "mejorar la memoria", "aumentar tu CI", etc., han promovido el mito de forma de capturar más y más clientes, con el objetivo de hacerte creer que si utilizas "zonas desconocidas de tu cerebro" lograrás hazañas increíbles. Puede se sea así, no estoy diciendo lo contrario, pero el abusar del mito del 10% me parece mal. Es más que nada el argumento de los síquicos para explicar sus poderes. Y uno lo cree porque quiere pensar que se puedan hacer esas cosas.

La literatura también ha hecho lo suyo. Sherlock Holmes, en "Un Estudio en Escarlata", le argumentó a Watson que el cerebro era como un cajón donde se metían cosas, y que tarde o temprano cuando este se llenara, el colocar algo nuevo ahí suponía el olvido de algo anterior. Esto a raíz de que Watson descubrió que Holmes no sabía que la Tierra giraba en torno al Sol. Ante la incredulidad de Watson, Holmes agregó que ahora que lo sabía haría todo lo posible por olvidar tan inútil conocimiento para la labor detectivezca que desempeñaba día a día.

El pensamiento, la imaginación, la creatividad funcionan de manera aún desconocida. Las sinapsis trabajando sobre una gigantesca red neuronal, se crean y destruyen constantemente. Según estudios que se han hecho sobre la actividad del cerebro, se ha comprobado que para ciertas actividades que realizamos se activan determinadas zonas de la corteza cerebral, y de igual forma para otra actividad (como dormir por ejemplo) se "iluminan" otras áreas especializadas. Entonces en realidad lo que pasaría creo yo, no es que utilizemos sólo el 10% del cerebro, sino que utilizamos "distintos" 10% para determinadas cosas: estudiar, caminar, pensar, comer, hablar, mirar, llorar, dormir, etc. Es una lista interminable.

Utilizar sólo un pequeño porcentaje del cerebro implicaría que podrías seguir actuando de igual manera aunque nos extirparan el 90% restante, y eso se sabe que no es así. ¿Has escuchado alguna vez a un médico decir que "afortunadamente cuando la bala penetró en el cráneo, sólo dañó al 90% del cerebro que no usaba"?

Así que ojo con esto. Me encantaría poder encontrar la forma de utilizar mejor mi capacidad cerebral, pero soy un convencido que no pasa por una cuestión de espacio físico, sino por un problema en la "conectividad", jejeje.

Para expandir la información, visita los siguientes sitios:
http://www.geocities.com/escepticosvenezuela/radford.htm
http://neurociencias.udea.edu.co/neurokids/mito%20diezporciento.htm

11 de diciembre de 2007




Odio las cadenas en mi bandeja de entrada y qué decir de los spam. Me dan pena. Hay unos famosísimos, como el que iban a cerrar hotmail, o el que te regalan un notebook toshiba. O que si mandas x email, donas esa misma cantidad en dólares para no se quién. Mentira! Ese fraude es conocido como HOAX. Que qué ganan? pues esa persona lo que gana es un momento muy, pero muy prolongado de sana diversión....Relajémonos leyendo al maestro Leo, en uno de sus tantos cuentos.

Cadena (por Leo Masliah)

Este mensaje no es una cadena. Por lo tanto, destrúyalo sin reenviarlo a nadie. Contravenir esta sugerencia solo congestionaría inútilmente las líneas. Tenga buen criterio. Ni siquiera es necesario que siga leyendo esto. Sino tiene otra razón para continuar conectado/a a la red, puede eliminar este mensaje y salir del programa, sin tener que lamentar la pérdida de ninguna información relevante. Es más, si usted todavía sigue leyendo esto, francamente, es porque es un ser parasitario, que no tiene nada que hacer. ¿Por qué no mejor sale a pasear? Le repito que en estas líneas no va a encontrar absolutamente nada que le sea de utilidad. Doy fe de ello, puesto que conozco la continuación del texto. Es exactamente del mismo tenor que cuanto antecede. Vale decir: no dice nada. Así que... ¡Basta de leer, imbécil! ¿Qué estas esperando encontrar? Ya te dije que no hay nada... ¿no me creés? Bueno, jorobate. Segui leyendo, que no vas a encontrar nada que no sea la confirmación de lo anterior, es decir, que en lo que sigue no se dice nada. Nada de nada. No hay voluntad de diálogo, ni tan siquiera voluntad de monólogo. Es un texto vacío, y va a seguir así hasta la última de sus líneas. Se podría lo mismo dejar en blanco las líneas que faltan, de no ser porque como esta página no tiene renglones, no se notarían que están. Pero el que estén no significa nada. No están por nada en especial. Entiendo que la curiosidad te pueda haber llevado a seguir leyendo hasta acá, pero si seguís... es porque tu pelotudez no tiene límites. ¡Qué idiota Dios libre y guarde! Ni siquiera para un linguista o un gramático tiene sentido continuar leyendo esto, porque es una simple colección de frases banales cuyo único objetivo es ratificar la ausencia de finalidad de todo el resto del texto. (Continuará.)

22 de noviembre de 2007

Sí, lo reconozco, soy enojón!




Muchas veces me han dicho que tengo apariencia de "hombre serio y enojón". Lo negué muchas veces, pero ya creo que es hora de ir asumiendo ciertas características que tiene uno y sí, soy enojón.

A veces me enojo por cosas tan tontas. Porque se me acabó el azúcar y hay que ir a comprar en la mañana. O porque me preguntan que cómo estoy. No me gusta esa pregunta. No por su intencionalidad, sino que por su forma. Es demasiado abstracta y por ende siempre se le relaciona una respuesta tan abstracta como "bien, gracias", o más cínicamente y casi por obligación: "bien, gracias. ¿Y tú?". No me gusta esa abstracción. Sobre todo cuando me saludo con gente que conozco poco. Qué significa eso de que estás bien y yo también, gracias? ¿Qué significa estar bien? ¿Eres sincero cuando respondes que estás bien?. Quién no evita responder "estoy mal" por temor a que indaguen, se metan sin que tú les des permiso en tu metro cuadrado y quieran saber ¿y por qué estás mal?. Y si no te quiero contar quedo mal.

Siempre he sido delicado con ciertos formulismos. Será que los detesto y que no puedo huir de ellos. Yo tengo unos formulismos que aplico siempre. Si alguien me cuenta que estuvo enfermo, evito preguntarle el tipo de enfermedad sin que me cuenten antes de haber preguntado. ¿Qué tal si padece algo que no me quiere contar? ¿Con qué derecho voy a meterme en eso? ¿Por qué somos tan copuchentos (chismosos)?

-Gracias. - De nada. Cómo que DE NADA, si te están dando las gracias por algo es POR ALGO, no por NADA. Y si el argumento es que lo que estás queriendo decir con "nada" es que para tí "no fue nada hacer lo que hiciste", estás siendo demasiado modesto, reconócelo.

Cuando estornudo, odio que me digan "Salud!", y más odio tener que responder "Gracias", así como agradeciendo algo. A chus! - Salud! (te estás burlando de mí?) Ya sé, ya sé, estoy siendo demasiado odioso en este punto, porque las personas te desean buena salud con eso o que te mejores de tu resfrío, pero por el sólo hecho de constituirse en un formulismo, muchas veces dudo de la conciencia de la persona al decir "salud!". El salud! dejémoslo para brindar mejor.

¿Qué quieres que sea? ¿hombre o mujer?, y se oye la típica respuesta: "No importa con tal que nazca sanito". No sé qué tiene que ver una cosa con la otra. Todos los padres querrán que sus hijos nazcan sanos, no viene al caso citarlo en la respuesta. Habría que responder en este caso: "Me da lo mismo el sexo" y punto.

Odio y recontra odio hablar por teléfono. Contestarlo sobre todo. Me molesta la gente que llama a tu casa y en vez de presentarse cordialmente como lo haría cualquier persona educada, llegan y preguntan "Aló,está el Felipe?" y uno medio descolocado le dice que no está, y patudamente replican "Y a dónde fue?". PRESÉNTATE PRIMERO MIERDA!!! me dan ganas de gritarle.

Si vas al almacén a comprar, por favor no le digas al vendedor: "ME DA un kilo de pán" porque el pan NO TE LO VAN A DAR, TE LO VAN A VENDER!!!!

Me carga cuando la gente pide cosas utilizando una frase interrogativa. Y todo por el prejuicio de no emplear órdenes en el lenguaje por considerarlo muy autoritario. ¿Me dice la hora por favor? (dan ganas de responder: NO); ¿por qué no me pasas la sal?, como si previamente ya me la hubieran pedido y yo la hubiese negado. ¿por qué no me acompañas a comprar? - PUES PORQUE HASTA AHORA NO ME LO HABIAS PEDIDO !!! ¿por qué no te callas? jaja. Cállate! hubiese sido mucho mejor.

Concluida mi catársis, y conste que me guardé algunas cosas más para una futura entrada, me despido de ustedes. Y no estoy enojado!

15 de noviembre de 2007

Análisis del comportamiento en el ascensor



Sé que no soy ni sicólogo, siquiatra, sociólogo u opinólogo de la farándula, pero ¿me priva eso de no decir ciertas cosas que veo? Por supuesto que no. Y empezaré escribiendo sobre el comportamiento humano en el ascensor.


Tarde o temprano nos tenemos que enfrentar a estas máquinas. Ya sea si vivimos en un edificio demasiado alto, o para llegar a nuestra oficina en el trabajo, o cuando vamos al médico, etc. Si vives en una ciudad "moderna", y aunque te dé vértigo o le tengas temor, tendrás que usar un ascensor. Llegar a ese cubículo metálico sin una miserable decoración, con un tablero de números escarlatas que te hace sentir que estás programando tu microondas, y algunos con espejos, para ilusionar ópticamente al claustrofóbico.


Y es en su interior en donde por aburrimiento me he dado cuenta de ciertos comportamientos que me causan gracia. Lo primero es cuando llegamos al hall a tomar el ascensor. Lo primero que hacemos es mirar para arriba, buscando esos paneles con flechitas up-down y números que indican en qué piso viene el transporte. Acá noto la primera cosa extraña: para llamar al ascensor hay unos botones, casi siempre son dos, una flecha hacia arriba y otra flecha hacia abajo. Me imagino que cuando inauguraron este sistema nunca explicaron que presionar "hacia arriba" es decirle al ascensor: "hey! yo quiero subir, asi que ven aquí", en vez de "ascensor por favor sube donde quiera que estés!". Esto que puede parecer ridículo, no lo es tanto y muchas veces vi a personas confundirse en este aspecto. El botón indica la dirección que uno mismo quiere tomar en ese momento. Ahora bien si el botón está iluminado quiere decir que ya alguien lo presionó, entonces PARA QUÉ LA GENTE LO VUELVE A PRESIONAR? Me río cada vez que llega alguien a esperar el ascensor y a pesar que ven iluminado el botón, vuelven a presionarlo, como si el ascensor se le hubiera olvidado lo que tiene que hacer o tal vez pensarán que bajará más rápido así?


Una vez todos ubicados dentro de él se produce un momento de suspenso. Si nadie se conoce, o los que se conocen prefieren ir en silencio (denotan más bien timidez), sólo queda mirarse las caras, las espaldas, las cabelleras. Mirar a los otros se convierte en una apasionante actividad de algunos segundos, incluso más de algunas miradas se encuentran en dicho espacio, desviándose tan rápidamente como se cruzaron. Unos miran cómo van cambiando los números de los pisos, otros esos tubos de neón que constantes nos iluminan desde el techo. Algunos también se ponen a pensar en qué pasaría si el ascensor se detiene, o en el peor de los casos: se cae.


Hay cosas que no entiendo y que pasan en el edificio en donde yo trabajo, como a los que se hacen parar el ascensor en el piso 8 para ir al 9. Es increíble, esperan a veces varios minutos a que el ascensor llegue y van a uno o dos pisos adyacentes al que están. Por favor, existen escaleras, úsenlas. Son del tipo sedentario que encuentran que subir un par de peldaños les hará algún tipo de daño. Mi ascensor va desde el piso 1 al 4 directo (porque el 2-3 pertenecen a otra empresa y se accede por otro lado). Así y todo ocupan el ascensor esperando largo rato. No comprenden que para ir del piso 1 al 4 son sólo 3 escaleras de 10 peldaños cada una. Y son los mismos que bajan a fumar en ascensor constantemente.


Sube o baja? Antiguamente había un ascensorista que te decía el sentido que llevaba el ascensor en un instante de tiempo. Ahora, para los que aún no saben leer el panel del exterior del ascensor, típico que preguntan si sube o si baja. Y uno está obligado a contestarle esa pregunta.


Se han fijado en los que se las dan de caballeros y que estando dentro del ascensor en una ubicación al lado de la puerta, se colocan para que todos los demás bajen primero? Horrible, lo único que hacen es estorbar reduciendo el espacio de salida al resto. Más encima dejan el brazo puesto en la salida, como si el ascensor fuera a cerrar las puertas si lo sacan. Ja. Sí, el ascensor moderno dispone de sensores de luz, pero si existen personas subiendo o bajando en ese momento no es necesario poner el brazo, caballero.


Si el ascensor se llena de golpe, el que quede al lado del tablero está frito, porque tendrá que atender los pedidos de los que quedaron al fondo del ascensor:


-El 9 por favor....

-Yo el 6

-El 7 también, por favor...


Y el ejecutante de tan noble labor se concentra y maneja su índice de forma de no poder equivocarse en el piso que está apretando y terminada su labor, levanta su cabeza como diciendo "vieron de lo que soy capaz de hacer?"


Han visto a ese par de amigos o amigas que vienen conversando animadamente antes de subirse al ascensor repleto, y cuando ya están adentro, ¡siguen conversando tan animadamente como antes! Y me da risa verle la cara a los demás, como analizando y pensando que quiénes son estos, de qué planeta vienen, qué lenguaje están empleando y qué cosas más raras están contando!